03 Jul

EL QUINTO ELEMENTO EN EL AMOR

Cuando nos ponemos a buscar pareja, vamos como toros de miura, sin filtro muchas veces.

Tenemos la idea en la cabeza de que queremos enamorarnos, tener a quien amar y “obtener las prestaciones” que da una pareja.

Después de esta premisa tan de necesidad, nos disponemos a seleccionar candidatos como si de una oferta de trabajo se tratara.

Recuerdo un hombre que, años atrás, me dijo que “buscar pareja era un trabajo”. Es decir, se lo tomaba muy en serio. Y no es para menos, en cierta forma es un asunto de estado para ti. Es muy importante quién va a ser la persona que va a formar parte de tu vida y por ende, de la vida de tu familia y amigos. Aunque esta persona buscaba desde el desespero y no desde la exquisitez.

No vale para ello cualquiera, aunque a veces nos saltemos a la torera aspectos que debieran ser fundamentales en el amor.

Me gustó mucho una teoria que escuché sobre las 4 C a la hora de escoger pareja: cama, corazón, cabeza y consciencia.

Brevemente explicado, “cama” sería compenetración sexual y atracción física, “corazón” sería romanticismo o cariño, “cabeza” sería gustos y aficiones en común, afinidad de estilos y una atracción más bien intelectual. La “consciencia” es la más chunga, quiere decir compartir ideales, forma de vivir, valores profundamente arraigados y voluntad de compromiso de largo alcance, como si de una bala se tratara.

Y esto está genial pero…¿qué pasa cuando encontramos (y ya es un milagro) una persona con la que existe atracción sexual, emocional y mental y encima quiere tener pareja pero con la que vivimos una montaña rusa emocional?

Aunque parezca una obviedad, muchas personas se saltan el quinto paso. Tras las 4 C nos encontramos con el quinto elemento: “la fluidez”.

La fluidez viene a decir que es fácil relacionarnos con él, que la relación sigue evolucionando favorablemente sin un desgaste emocional y mental por nuestra parte. Hablando en plata, que no hemos de tirar el carro para que funcione.

Si nos pasamos los días arrastrando a nuestra flamante y esquiva pareja en pos de un vínculo, es que no es fluido. No somos romanos en un circo arrastrando un carro de leones, somos personas que queremos amar profundamente sin forzar las cosas.

Tiene que ser una relación cómoda, como decía una señora mayor por la tele: “estar con tu pareja tiene que hacerte sentir tan cómoda como ponerte las zapatillas de estar por casa”.

Buscamos complemento sexual, que nos estimule intelectualmente, que quiera tener pareja y que tenga los mismos intereses o similares pero…nos olvidamos lo más importante: no sufrir.

Yo no digo que nos tengamos que aburrir como ostras con una pareja, ni que tengamos que asumir un modo de vivir a lo seta. Simplemente que la corriente de la relación nos lleves in esfuerzo.

El estar todo el día luchando para pactar cosas, o simplemente aguantando en una relación en la que te han dado un molde pero no te gusta ni un pelo donde estás metida, no es fluidez.

Hay relaciones dificiles y relaciones fáciles y no están reñidas con el amor como sentimiento sino, como actitud. Amar es una actitud de servir al otro, de hacerle la vida fácil, de ahorrarle sufrimientos, de bajar del burro antes que perder al ser querido, de remar juntos. En definitiva, de voluntad.

Si una relación de pareja no es tan fácil como la relación con tus amigos, cambia de pareja o quedate sola. Una relación fácil como hacer pompas de jabón existe, como decía el gran Cortázar, “te juro que lo he visto”.

 

Meri Camats

www.mericamats.com

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