14 Jun 2018

Profesión mujer

Hola,

Muchas ya me conocéis 😉

Soy hija, mujer, psicóloga, esposa, madre…….

Sí ¿ya habéis parado para pensar cuantas profesiones tenemos a lo largo de nuestras vidas?

Pues muchas… como persona ya tenemos bastantes y como mujeres ¡Buah!

Yo soy una de las personas a favor de las diferencias entre las personas, somos muy distintas unas de las otras, empezando por las hoyas dactilares, los ojos, los pelos y de ahí hacia adelante las diferencias no paran 😉

También soy una de las personas a favor de las igualdades ¡jijiji! Sí, todas somos iguales dentro de nuestras diferencias, somo de carne, huesos, sangre, …… vamos al baño, cuidamos de nuestra higiene…. y por ahí vamos ¡jiji!

¡Me encantan las paradojas!

Ahora volviendo al tema 😉 como mujeres empezamos nuestras vidas como hijas. Y miramos a nuestros padres con mucho amor y cariño, tenemos dentro de nosotras la misma capacidad de generar vida que ha tenido nuestra madre, y ya notamos esta magia.

Y como niñas que fuimos ¡Nos encantaba jugar con las muñecas y ser su mamá, como nuestra madre!

Pasamos por los cambios hormonales de la adolescencia, como cualquier otra persona y nuestro cuerpo cambia mucho más de lo que nos gustaría. Y ya empezamos a ser mujeres, sin dejar de ser las mismas niñas de ayer.

Acostumbradas a estos cambios seguimos nuestra vida como mujeres: elegimos nuestros caminos, estudios, profesión, carrera, etc, etc, etc…

Dentro de la profesión que elegimos empezamos a cuidar de todo que nos pasa al alrededor, ¡jiji! Nuestro instinto materno 😉.

Algunas veces somos de verdad madres, y cuando esto pasa… ¡cuántos cambios otra vez! Nuestro cuerpo vuelve a meterse en el lio de las hormonas y la energía que necesita para mantener el nuevo ser que está dentro de nosotras.

Cambio que sigue después del parto, con la preparación de nuestro cuerpo para la lactancia, y todo lo que nos espera: noches de poco dormir, una persona que depende totalmente de nosotras y nosotras perdidas entre emociones, hormonas, pensamientos y hechos que no podemos cambiar, o que necesitamos aprender a mejorar.

Seguimos acumulando carreras y profesiones, ya somos: hijas, mujeres, pareja, profesional, madres…. ¡Y el listado sigue creciendo!

Esto sin contar los cambios mensuales que tenemos en nuestros cuerpos a lo largo de nuestra vida.

Entre cuerpo, pensamientos, emociones, sentimientos y hechos del día a día vamos sumando en la experiencia de la vida.

Como mujeres es importante recordar nuestras cualidades: somos creativas, acogedoras, cariñosas, sabias, atentas y muchas otras fortalezas que crecen en nuestro interior cuando estamos aliñadas a nuestro bienestar.

Y estas fortalezas nos ayudan a ser mejores a cada día y a acumular experiencias, profesiones y espacios especiales en cada ser que pasa por nuestras vidas.

Como mujeres es importante recordar nuestra capacidad de crear y cuidar del otro.

Como mujeres es importante recordar nuestra necesidad de cuidar de nosotras mismas y reconocer nuestras fortalezas.

Y reconociendo nuestras fortalezas reconocemos nuestras habilidades y la capacidad de vivir lo mejor de cada momento.

Recordar cómo somos importantes para la humanidad e importantes para nuestro entorno, somos las personas que pueden hacer la diferencia.

Somos las personas que pueden cambiar cada persona que está cerca, y cambiar a nosotras mismas.

Repito, me encantan las diferencias y me encantan las igualdades.

Me encanta recordar que somos mujeres y somos distintas de los hombres, y a la vez somos iguales que ellos. ¡Somos personas!

Viendo y recordando esta paradoja, podemos crecer como personas y crecer como mujeres. Ocupando nuestro sitio y ocupando nuestras profesiones a lo largo de la historia.

El momento que reconozcamos nuestra importancia, las profesiones que podemos ocupar y los sitios que nos corresponden. Reconoceremos la belleza de la humanidad y desde entonces reconoceremos lo bonito que es ser diferente y ser igual que las otras personas.

¡Reconoceremos nuestra humanidad y nuestra personalidad!

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10 May 2018

Adaptación

 

¡Hola!

Es interesante la cantidad de veces que escuchamos la palabra adaptación en nuestras vidas.

Sabemos que todos los días pueden pasar cosas nuevas, pero cuando decidimos vivir alguna experiencia diferente, una de las cosas que pasan por nuestras cabezas o escuchamos es: ¿Cómo será nuestra capacidad de adaptación a lo que vendrá?

De hecho, es interesante vivir nuestra capacidad de acomodar el aprendizaje a nuestro conocimiento del entorno.

Sin embargo, cuando hablamos de un viaje, de vivir en otro sitio o de cambios mas largos vivimos esta capacidad de ajustar la nueva vida, aliñada, con muchas emociones y muchos sentimientos.

Antes del cambio vivimos una especie de euforia, nos preparamos para la nueva vida, planeamos muchos detalles para el éxito con el cambio. Y nos lanzamos a la piscina.

Cuando saltamos y empezamos a vivir el cambio, empezamos a vivir el proceso de adaptación, a las cosas que llegan, a lo que es distinto de lo que conocemos y vivimos. Un periodo de acomodación y ajustes.

Junto a este proceso de ajustar lo nuevo a lo que ya conocemos, vivimos el otro lado de la euforia inicial, y empezamos a vivir la angustia del desconocido. Las cosas son distintas de lo que imaginábamos y distintas de lo que conocíamos. ¡Son nuevas!

Muchas veces este descontentamiento se mezcla y se alimenta de la añoranza del conocido: Como vivíamos, como era nuestro día a día, y de la tensión en descubrir cierta dificultad en nuestra adaptación.

Añoramos cada detalle de nuestra rutina anterior y buscamos adaptar el entorno lo mas parecido a lo que ya conocíamos.

Muchas veces nos olvidamos de nuestra propuesta inicial de cambiar y intentamos acomodar lo nuevo a lo ya conocido. ¡Curioso!

En este momento de descontentamiento e inflexión nos olvidamos de pedir ayuda, para conocer y adaptarnos a lo que estamos viviendo. Nos cerramos a nuestra ensaladilla de emociones, sentimientos, pensamientos…, y nos olvidamos o no nos damos cuenta de que esta etapa de irritabilidad hace parte del proceso de adaptación. ¡Y todas con más o menos intensidad lo vivimos!

Existe un momento en el día a día que lo exterior está equivocado. ¡Y nosotras, nuestros conocimientos, nuestras vivencias, nuestro pasado esta correcto! Este período puede ser bastante intenso y depende de cada persona si será corto o largo.

Otras recuerdan su decisión de cambiar, y buscan en sus fortalezas las virtudes necesarias para esta adaptación, pidiendo ayuda a su entorno o a si mismas para alcanzar su objetivo.

Lo interesante empieza cuando empezamos a adaptar y valorar nuestra experiencia anterior, en el nuevo entorno. Aprovechando lo que encontramos de mejor y comprendiendo que los dos ambientes son distintos, no mejores ni peores, solamente distintos.

Esta etapa nos rellena de placer y sabiduría, pues elimina la rabia y el juzgamiento, sumando la experiencia y el conocimiento.

Empezamos a lograr los objetivos propuestos antes del cambio, a vivir con tranquilidad y a conocer más nuestras capacidades.

A nosotras como inmigrantes pasar por todas las etapas de adaptación es un logro, pues desde el momento que aceptamos las diferencias y sumamos el conocimiento de las dos vidas conseguimos vivir con plenitud el día a día, conquistando la felicidad que planeamos al principio.

Reconociendo la euforia del principio y recargando de emociones capacitantes nuestras vidas. Ampliando nuestra capacidad de autoconocimiento, de adaptabilidad y de oportunidades.

Pasar por el proceso de adaptación, pedir ayuda cuando nos encontramos solas, conocer nuestro nuevo entorno, nuestra nueva vida y aceptar nuestra elección de buscar una vida mejor, son etapas que vivimos cada día y cada una de una manera.

Lograr el éxito de sumar experiencias y ampliar nuestras fortalezas puede ser un buen camino para la felicidad deseada al principio.

Y desde las fortalezas, decimos: ¡He vencido! ¡Soy capaz!

¡Hasta ahora!

 

Carmen Pereira Mañez – Psicóloga experta en Coaching®

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19 Dic 2017

Conciencia Femenina – La mujer deseante

 

Hola de nuevo!

En esta ocasión voy a empezar con una serie de preguntas:¿Quieres ser perfecta? ¿Estás obsesionada con cumplir las exigencias del otro? ¿Vives en la indefinición, negándote a ti misma para ser tenida en cuenta por la sociedad, para ser amada por el hombre y no sentirte excluida del sistema? ¿Has asumido el rol de los hombres olvidando tus necesidades? ¿Tienes espacio en tu vida para descubrir tu interior sin exigencias? ¿Conoces que es lo que realmente te da placer para desarrollarte libremente sin expectativas? Estas preguntas no tienen que ver con ser feminista o no, es algo mucho más profundo. ¿Alguna vez te has escuchado de verdad a ti misma sin sentirte culpable por no hacer lo que debes o tienes que hacer? ¿Te aceptas totalmente ante los demás, en tu autoridad y soberanía? ¿Eres capaz de conectar con tu deseo profundo, con tu creatividad? ¿Te amas a ti misma?

Estas mismas preguntas me las he estado haciendo yo todo el verano y he llegado a la conclusión de que lo que conocemos como femenino no es lo que somos o hemos sido las mujeres, sino lo que el patriarcado ha construido para nosotras, es decir, un modelo que preconiza la sumisión, la pasividad y el silencio, y al que nos hemos tenido que adaptar. Y como consecuencia de ello hemos perdido contacto con nuestra identidad más profunda, nos hemos insensibilizado a nosotras mismas.

En mi opinión muchas mujeres en la actualidad sentimos dolor por no poder expresarnos tal y como somos, enteras, con todos nuestros aspectos sexuales y agresivos ya que el miedo está siempre pendiente en nosotras, ya sea el miedo a ser abandonadas, excluidas o a comportarnos tal y como sentimos, y/o pensar simplemente en nosotras mismas..

Necesitamos cambiar el paradigma con el fin de construir una conexión con nosotras mismas para soltar el miedo y poder sentir el placer en nuestro cuerpo. Hay que hacer un trabajo corporal para conseguir este cambio, en el que la mujer pasa de ser víctima a amante, liberando la resistencia física que el miedo ha contenido y flexibilizar la rigidez de las ideas a través de la expresión corporal.

El estrés causado por un estado interno en el que las células están en modo de protección y no de crecimiento nos desconecta del cuerpo y del deseo y no nos permite percibir al otro como alguien con quien compartir o como una posible fuente de placer.

Necesitamos liberarnos del rol de las creencias y de los prejuicios que pesan sobre nosotras ya que esa es la solución para poder buscar el placer y ser más feliz a través de nuestro cuerpo y sus recursos.

También es necesario salir de la dicotomía hombre-mujer dejándonos ser lo que somos, alejándonos de los roles y creencias que caen sobre nosotras como mujeres para ser libres y recuperar una autoestima y un valor que se nos ha negado durante siglos.

Al ser expulsadas de lo divino con la llegada de la sociedad patriarcal se nos arrebató nuestro valor intrínseco, lo natural, lo que es parte de lo sagrado, lo instintivo, lo irracional, lo emocional, lo visceral. Y tenemos derecho a ser como somos y a expresarnos como queramos ya que la naturaleza está bien como está.

Solo si yo me doy permiso para ser como soy puedo experimentar y encontrarme desde mi identidad fuerte con el otro para crear un nosotros, cambiando las relaciones de poder dominador-dominada por una relación de amor hacia mi misma en la que soy como soy, hago lo que quiero hacer y me valoro desde ese lugar.

La mujer deseante hace lo que es verdad para ella, no para complacer a otra persona, ya que el poder de decidir es un factor fundamental para alimentar el deseo. Reconoce que tiene derecho a la fuerza vital, la energía erótica y extática de nuestro ser ya que forma parte de ser humano.

¿Te imaginas como sería tu sexualidad si la consideraras santa y sagrada y que procede de la misma fuente que ha creado a las estrellas, la luna y el mar?

Necesitamos volver a conectar con nuestra sexualidad simplemente como la expresión de esa fuerza vital creadora, necesitamos aprender y experimentar y luego dirigir nuestra energía sexual con o sin acto sexual para nuestro placer y mayor bien. ¿Cómo podrías usarla para beneficiar a otras personas de tu vida?

Necesitamos pensar en nuevas actitudes hacia el hecho de ser sexuales. La mujer deseante nos invita a esta profunda reflexión sobre nuestra verdadera naturaleza femenina.

Hasta el próximo post!

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27 Sep 2017

Conciencia Femenina – La mujer actual

Hola de nuevo lectoras y lectores! ¿Cómo ha ido ese reencuentro con vuestra mujer salvaje?

Mi reencuentro con ella ha sido muy liberador. El haberme reencontrado con esa parte de mi misma me ha permitido soltar a esa otra parte mía que quiere ser perfecta, sin instinto, sin sensaciones, sin pasión, sin poder propio y que está obsesionada con cumplir las exigencias del otro y que vive en la indefinición, y que se niega a sí misma para ser tenida en cuenta por la sociedad, para ser amada por el hombre y no sentirse excluida del sistema.

Es esa parte de mi adquirida que al haber asumido el rol de los hombres se ha olvidado de mis verdaderas necesidades y de la riqueza de mi esencia. Que se ha “liberado” a costa de mi verdadera esencia, impulsada por las enseñanzas feministas y por la masculinización de la mujer imperante en nuestra cultura. Que es madre, profesional y amante pero que no tiene espacio para descubrir su interior sin exigencias, sus auténticas fuentes de placer para desarrollarse sin tener como referencia lo de afuera, sino de una forma libre y natural sin expectativas.

¿Os resuena?

MI mujer salvaje me pide que mire hacia dentro para decidir qué es lo que yo deseo, mi pulsión, lo que necesito.

Este verano ha marcado un punto de inflexión en mi vida, ya que he recuperado mi mirada perdida: he tomado conciencia de que lo que conocemos como femenino no es lo que las mujeres somos o hemos sido, sino lo que nuestra educación patriarcal ha construido para nosotras.

He mirado con valentía mi/nuestro dolor por no poder expresar mi deseo y mi rabia por haberme tenido que adaptar a un modelo que preconiza la sumisión, la pasividad y el silencio.

Mi madre con todo su amor y su inconsciencia me enseño el arte de ser servil, a comportarme como alguien inferior, a gustar a los hombres, a no expresarme en un tono demasiado autoritario, a no hablar demasiado alto, a no hablar de dinero, a no querer tomar el poder, a no querer ocupar un puesto de autoridad, a no buscar el prestigio, a no reirme demasiado fuerte, en definitiva, a dominar mi potencia, a estar eclipsada, acomplejada. Es lo que le enseñaron a ella, a ser femenina.

Siento dolor por no poder expresarme tal y como soy, entera, en todos mis aspectos sexuales y agresivos. Ya que el miedo a sentirme abandonada y excluida si me comporto tal y como siento y pienso simplemente en mi misma está siempre presente.

Mi mujer salvaje me pide que recupere el contacto con mi identidad más profunda, sea cual sea, que desarrolle esa sensibilidad hacia mi misma y hacia quien realmente soy. Que me abra a escuchar mis emociones y mi instinto dejando de dar voz sólo a mi parte racional, compuesta por patrones y creencias aprendidos que actúan y dominan sin compasión, a través de una mente rígida, aislada, autoritaria y normativa que busca resultados y ganancias a corto plazo desde una perspectiva materialista y consumista, dejando de lado mi bienestar profundo y el desarrollo de la persona que soy.

Me pide que deje de escuchar a esa parte que me ha desconectado de lo natural e instintivo que hay en mí, y que me hace tener un estilo de vida desequilibrado que me aleja de conocerme a mi misma y me desapega de lo que realmente siento, haciéndome adicta al poder y a ser perfecta.

Me pide que me relaje para poder escucharme y atenderme profundamente ante el exceso de actividad y de positividad fomentadas por la sociedad del rendimiento en la que vivimos y que nos dice “tu puedes”.

Me dice que aprenda a tolerar el aburrimiento y el vacío para poder crear algo nuevo y me pide que haga lo que realmente sienta y que viva fluyendo sin esperar nada a cambio, no para tener y hacer, sino para simplemente ser.

Así que en su compañía y siguiendo sus sabios consejos me despido de vosotras y vosotros hasta el próximo post. Buen dia!

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19 Ago 2017

Conciencia Femenina – La mujer salvaje

Hola de nuevo!

Aquí sigo, en mi viaje de auto-descubrimiento, de esas partes de mi misma que tenía olvidadas y que poco a poco están volviendo a emerger de la oscuridad a las que las había relegado a causa de mi educación patriarcal, llena de creencias y de ideas que me han alejado de mi verdadera naturaleza femenina, es decir, de mi cuerpo y de mis emociones.

Para ello me dedico a una vida contemplativa, en la que no hay nada que hacer, ni ningún deber que cumplir más que el de estar relajada, descansar y escuchar lo que mi cuerpo me dice a través de sus sensaciones, molestias, dolores y rigideces. Y efectivamente mi cuerpo me está hablando…

Sus mensajes son claros: me pide que deje de dominarlo, de rechazarlo y de manipularlo para ser aceptada por lo demás, por la sociedad, y que le de lo que realmente necesita, que es que vuelva a poseerlo, a habitarlo, como cuando vivíamos inmersos en la naturaleza y nos guiábamos por nuestro instinto e intuición natural. Cuando no habíamos sido domesticadas todavía, ni condicionadas y estábamos en estado puro, salvaje. Hace ya unos cuantos miles de años…

He comprendido que se trata de recuperar una autoestima y un valor que durante siglos se me ha negado como mujer y que es mi parte divina, y que me pertenece por el mero hecho de formar parte de la naturaleza, de lo sagrado. Me refiero a mi parte instintiva, irracional, emocional y visceral que hay en mi para desde ahí ser como soy y expresarme como quiera, dándome el permiso de hacer lo que quiera hacer y de expresar mi verdadera identidad desde una posición de amor hacia mí misma.

Necesito recuperar lo sensorial y lo corporal en mi para reconectarme con mi parte femenina salvaje.

Y en esas estoy, queridas lectoras y lectores, reconectando con mi cuerpo a través de la interiorización para percibir mi cuerpo y sus sensaciones sin contemplarlo como una amenaza sino confiando en que del cuerpo y de lo sensorial surge mi fuerza, mi placer y mi deseo, como dice MIreia Darder en su libro Nacidas para el placer.

Y es desde ese deseo profundo del que mana esa alegría de vivir que nos impulsa a descubrir, a experimentar y a jugar la vida y todo lo que ésta tiene para ofrecernos y para disfrutar.

Ya os seguiré contando en mi próximo post. Hasta entonces, aprovechad el verano para redescubrir vuestro lado más salvaje.

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13 Jul 2017

Conciencia Femenina – La mirada perdida

Hola A todas!

Este verano he decidido salir de mi rutina de vida y espacio de confort para abrirme a nuevas sensaciones, emociones y experiencias vitales que me permitan disfrutar de lo que la vida nos ofrece y explorar lo que me gusta y lo que no, lo que me da placer y lo que no, en todos los sentidos.

Mi primera experiencia ha sido en Córdoba, ciudad a la que no había vuelto desde que dejé de trabajar de intérprete de congresos médicos hace ya unos años. Ha sido como abrir la caja de Pandora y recibir un montón de revelaciones sobre mi misma que tenía olvidadas.

Paseando por la judería me topé con el taller de un artesano al que le compré la foto que ilustra este post, y que me impactó nada más verla, sobre todo esa mirada, que es la misma mirada que yo tenía en el festival de teatro Burlesque en el que participé hace apenas un mes, encarnando a la Diosa Lilith que representa esa energía salvaje de la mujer que ha sido castrada y reprimida por la sociedad patriarcal por considerarla no correcta y aceptable, y que es nuestra fuerza, nuestro instinto. Me dijo que era la copia de un pirograbado suyo que se llamaba la mirada olvidada.

Esa misma noche, durante una visita guiada por la mezquita, recordé que en mi adolescencia había estudiado arte, y que me encantaba el arte islámico. Mi examen final de COU lo hice sobre la mezquita de Córdoba. Me lo sabía tan bien que la profesora me dijo que yo había copiado, ya que era imposible que eso lo hubiera escrito yo. Recordé mis sentimientos de impotencia al no ser reconocido mi talento. ¿Os suena?

En ese instante entendí porque yo no he sido capaz hasta ahora de creer en mi misma, en mis dones y talentos, en mis capacidades, ya que dentro de mi resuena esa voz que me dice que yo no soy capaz de algo bueno de verdad en la vida, de algo sobresaliente. Fue una gran comprensión ante un hecho que tenía olvidado.

La mirada olvidada….de mi misma, de quién realmente soy, de la mujer que hay en mi.

Durante mis maravillosos paseos descubrí que en la Córdoba califal se respiraba un aire de tolerancia religiosa, política y social en la que hombres y mujeres de diferentes religiones y razas convivían pacíficamente en un entorno de sabiduría y conocimiento. Las mujeres tenían su lugar en esa sociedad: eran poetisas, bibliotecarias, investigadoras, y expresaban su talento y creatividad, siendo reconocidas por ello.

En estos momentos estoy en la playa, reflexionando sobre todo lo que las mujeres hemos olvidado de nuestra verdadera naturaleza femenina a lo largo de tantos siglos de represión de lo femenino y que nos impide desplegar toda nuestra luz a una sociedad necesitada de amor,  empatía y creatividad.

Seguiré profundizando en ello en mi próximo post, La Mujer Salvaje.

Hasta entonces!

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